Choque de poder: Banrepública y el gobierno de Petro enfrentados, tras fijar la tasa de interés en 11.25%

El Banco de la República decidió fijar la tasa de interés al 11,25%, ignorando las advertencias del Gobierno nacional sobre el impacto que esto tiene en la economía real. El resultado: una ruptura abierta en plena reunión de la junta directiva.
ES NOTICIA HOY:
El gerente general del Banco de la República, Leonardo Villar, sostuvo «el incremento, de 100 puntos básicos, se da en medio de un contexto económico complejo, donde la inflación sigue siendo una preocupación, pero también crecen las alertas por el freno en la economía y el alto costo del crédito para los colombianos».
Sin embargo en respuesta a la votación a favor de cuatro directores, dos de seguir con el 50% y uno de mantenerlas, el gobierno nacional por or orden del presidente, Gustavo Petro; el ministro de Hacienda, Germán Ávila, se levantó de la mesa y se retiró antes de que terminara la sesión. Un hecho poco común que deja claro el nivel de tensión que hoy existe entre el Ejecutivo y el banco central.
Mientras desde Bogotá se insiste en que subir las tasas es necesario para controlar la inflación, desde el Gobierno la lectura es otra: créditos más caros, menos inversión y un golpe directo al bolsillo de la gente.
Y ese golpe no es abstracto. En regiones como la Caribe, donde el rebusque, el crédito informal y los pequeños negocios sostienen la economía diaria, una tasa al 11,25% se siente con más fuerza.
Aquí no se habla de indicadores, se habla de sobrevivir: del mototaxista que financia su moto, del tendero que compra fiado, del emprendedor que no logra acceder a un préstamo formal.
Por eso la reacción del Gobierno no fue solo técnica, fue política.
Lo que está en juego va más allá de una cifra: es el control del rumbo económico del país. De un lado, un banco central defendiendo su independencia; del otro, un Gobierno que reclama decisiones más alineadas con la realidad social.
El mensaje que queda es contundente: la pelea ya no es silenciosa. Y sus efectos, como siempre, se sentirán primero en la calle.






