El arroz de payazo: fruto de la resiliencia del pueblo

Por: EURIPIDES CASTRO SANJUAN Doctor en Ciencias Políticas.
Cada cierto periodo hurgo entre mis cosas y encuentro que no ha perdido vigencia este escrito que me han publicado en la prensa y en las redes. Por tanto, debo repetirlo, poniéndolo nuevamente a consideración de todos, con la esperanza de que algún día lo pueda cambiar, cuando cambien las circunstancias(“…”).
ES NOTICIA HOY:
El ingenio nuestro por la supervivencia hace honor a la trietnia que nos hace en generalísima forma a los caribeños colombianos como pueblo único en el mundo. Si no tuviésemos esa mezcla de genes no habríamos sobrevivido a tanta intemperancia de las elites. Nacimos y crecimos como republica con esta irracional violencia que nos dejaron como herencia los disque “emancipadores criollos”; Pero bueno, hemos sobrevivido como república.
Me decía mi tío-abuelo Don Kasimirito Barragán, que no sabía el por qué de tanta violencia aquí, si esta tierra es tan generosa en frutos, es decir hay para todo mundo (yo le decía que ese era el problema: hay demasiado para todos). El problema de la pobreza en la gran mayoría del pueblo se debe a que el Estado está estructurado para favorecer a una minoría privilegiada, imponiendo en cambio, cargas al pueblo. Por ejemplo, aquí se inventa un tributo para que lo pague todo el pueblo a fin de salvar a los “pobres banqueros” de la quiebra: el 4 X 1.000. los banqueros de manera contradictoria, solo otorgan créditos a quienes ya poseen recursos y no a quienes más los necesitan.
No obstante aquella desigualdad, existe siempre un pintoresco sitio en cualquier rincón o plaza de la costa caribe, ubicado debajo de frondosos árboles de almendros y robles que mitigan el húmedo y sofocante calor del medio día, el stress y el hambre de un ejército de desempleados que se arriman allí para burlarse de sus penas, hacerles mofa a los infartantes recibos de servicios públicos y escabullirse unas horas de la realidad, del llanto de sus hijos o la “cantaleta” de sus cónyuges.
La audiencia no es cualquier “maretira”, allí a la vera de cualquier abandonado parque o plazoleta frente a los edificios estatales a la hora del almuerzo, con bostezos y ruidos intestinales incluidos, asisten a sus cuatro y duras bancas de concreto, cada día, gestores, periodistas, poetas, escritores, ingenieros, administradores de empresas, contadores, economistas o arquitectos varados y hasta médicos desplazados por la Ley 100/93, o del régimen obligatorio de salud, toda vez que ahora son “cargaladrillos” de las EPS porque a sus consultorios privados no asiste ni los ratones de oficina, muy a pesar de la bajísima tarifa que cobran algunos por consulta.
Y qué decir de los abogados que son mayoría entre los afectados, porque sufren un sistema judicial lento y a veces hostil cuando se trata de demandar al Estado, que los estigmatiza injustamente, minimizando las violaciones de Derechos por parte del mismo Estado y este sistema a su vez, desalienta a los ciudadanos a que ejerzan una defensa legal efectiva, haciendo casi imposible también, la supervivencia profesional digna. Pareciera que “el CPACA estuviese hecho para que nadie pueda demandar”. ¿Qué profesional puede sobrevivir en una sociedad como esta?.
Es claro que a los profesionales e intelectuales en este país nos tocó la pobreza absoluta, por ello no es tan fácil que todo mundo en Colombia a pesar de la abundancia pueda disfrutar como disfrutaba el periodista-chef “D´artagnan” (q.e.p.d.), de un Pato al horno en salsa de manzana fresca, o de riñones flambeados en ginebra, o de un entrecote de capikúa asada en su punto y acompañado en salsa vernesa con yema de huevo derretida en mantequilla; no sin antes pedir de entrada crema de cebolla con camarones en su salsa, para abrir el apetito.
Pero, para paliar aquello está nuestro ingenio ancestral que viene del sentido aventurero del español, la paciencia del indígena y la resiliencia o aguante todoterreno del africano. Debajo de los viejos arboles de almendros en los parques resecos de nuestro Caribe, no se solicita el platillo de entrada para abrir el apetito, aquí se pide el bijao de salida para cerrarlo (el apetito, digo).
Es así como este pueblo Caribe se ha inventado para esa legión de desocupados y empobrecidos profesionales, por solo algunas monedas de baja denominación, un producto culinario venido en “bicicarretas” a estos centros del pensamiento y del ágora intelectual, que luego de servido, al pasar por las resecas y ávidas gargantas, se convierte en un manjar al paladar.
Esa “sabrosura” es ni más ni menos que el “Arroz de Payaso”, aliñado y adobado con roja salsa de tomate, amarilla mostaza y blanco suero salao exprimido al gusto, servido en hojas de bijao y sin cubiertos, que deriva el llamativo y alegre adjetivo de payaso, porque después de ingerirlo, pegando la boca a la famosa hoja ancha del bijao, que hace las veces de vajilla, deja marcada una “aureola” como de arco iris de varios colores entre las mejillas y la comisura de los labios, y es del caso en veces, deja teñidos los bigotes con salsa prismacolor. A este manjar si le agregan un huevo, cocido en su arroz, vale unas pocas monedas más.
Después del suculento almuerzo, pareciera por arte de magia que las mentes se iluminaran, y llenos de energía alucinante mis pares intelectuales se dedican a escudriñar con sus charlas, las fórmulas para que el pueblo salga del atolladero en que lo metieron los Rudolf, Montenegros, Carrasquillas, Cárdenas y ahora el Banco de la República, junto con los demás bichos y economistas neoliberales.
Por ello, llega la pregunta obligada del filó-sofo de turno, uno cualquiera de los integrantes de este desarmado ejército de desempleados, gente invisible para las estadísticas del DANE: (¿?) “ya que en estos 24 años no lo hizo Uribe en Ralito, ni Santos en la Habana, mucho menos Duque con su programa de tv-pandemia; ni Petro con sus algoritmos conceptuales ¿Será posible que el nuevo presidente 2026-2030, en dicha vigencia nombre un alto Comisionado en Negociación Laboral, para que los cesantes viajen a una isla caribeña, ojalá en Bermudas, a fin de desarrollar los diálogos para “desmovilizar” este Ejército de Desempleados.
Colombianos- léase en su sigla EDC- y se les entregue las mismas garantías que a banqueros y a grupos ilegales (AUC, FARC, ELN, Primera línea, Clan del Golfo, extorsionistas, etc.), es decir: nos entregue tierras para sembrarla, buenos empleos, algunas curules en el congreso, capacitación gratuita en la plaza, pymes o microempresas y seguridad social?.”
Podría ser cuestión de ingenio, Entonces, que viva nuestra resiliencia triétnica, nojoda (¡!).
E:mail = eurojosecastro@gmail.com






