ALTERNATIVAPOLITICA: ¡A quien le van a dar, le guardan!

Por JAVIER DE LA HOZ LUNA Director de ALTERNATIVACARIBE.INFO
La elección de Abelardo De La Espriella como presidente de Colombia marcó, sin duda, un nuevo derrotero para la democracia nacional. Apenas han transcurrido 50 días y ya comienzan a aparecer señales de lo que puede significar este nuevo capítulo de la vida política del país. El mandatario y su equipo de Gobierno enfrentan el desafío de emprender la reconstrucción de una nación que recibió en estado crítico, después de cuatro años de una administración marcada por la confrontación política, los desencuentros institucionales y una relación particularmente compleja con algunos de sus principales aliados internacionales.
Gustavo Petro llegó al poder con la bandera del cambio, pero el resultado terminó siendo, para muchos colombianos, inversamente proporcional a las expectativas generadas por su hoja de ruta. Hoy, De La Espriella intenta transitar por un camino diferente. Sin una extensa experiencia en el manejo de la cosa pública, pero con un estilo político propio, el nuevo mandatario busca llevar a puerto seguro esa “Patria Milagro” que convirtió en una de las principales banderas de su campaña. Y aquí vuelve a tener vigencia aquel viejo refrán del pueblo colombiano: “¡A quien le van a dar, le guardan!”
Colombia parece haber comenzado a salir del ojo del huracán internacional en el que estuvo durante los últimos años. La relación con los Estados Unidos, particularmente deteriorada durante el Gobierno anterior, vuelve a ocupar un lugar estratégico en la agenda de la Casa de Nariño. El “Tigre De La Espriella” ha entendido que gobernar también significa tender puentes, recuperar confianza y abrir espacios para que el capital internacional vuelva a mirar hacia Colombia.
En esa tarea aparece el equipo económico del Gobierno. Desde el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, bajo la conducción de Mauricio Gómez Amín, y con el acompañamiento del vicepresidente José Manuel Restrepo, se vienen promoviendo espacios de encuentro con empresarios, emprendedores y representantes del sector financiero internacional. La participación de más de 176 emprendedores nacionales en estos escenarios refleja una apuesta por conectar el talento colombiano con nuevas fuentes de financiación, inversión y crecimiento.
Y si hablamos de abrir puertas, Nueva York representa mucho más que una ciudad. Es uno de los grandes centros financieros y económicos del mundo. Por eso, el anuncio de una próxima conexión aérea directa entre Barranquilla y la “capital del mundo” no debería mirarse simplemente como la apertura de una nueva ruta comercial. Es, también, la apertura de una puerta.
Una puerta para el turismo, para los negocios, para la inversión y para miles de colombianos que mantienen vínculos económicos, familiares y comerciales con los Estados Unidos. Y que esa puerta tenga como punto de entrada a Barranquilla no es un asunto menor. La capital del Atlántico vuelve a adquirir protagonismo dentro de la agenda internacional del país.
La reciente visita del secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, y la decisión de avanzar en el retorno del consulado estadounidense a Barranquilla refuerzan esa percepción. La capital del Caribe colombiano no solo aspira a ser un centro de negocios y turismo; empieza a convertirse, además, en un escenario estratégico de las relaciones entre Colombia y su principal aliado internacional.
En materia de seguridad, otro de los grandes desafíos nacionales, los primeros 50 días también permiten advertir un cambio de prioridades. El Gobierno ha colocado este asunto entre sus principales banderas y lo ha vinculado a la estrategia internacional del “Escudo de las Américas”, entendiendo que la seguridad dejó de ser exclusivamente un asunto interno y pasó a convertirse en un elemento fundamental de la cooperación entre las naciones.
Pero 50 días son apenas el comienzo. Gobernar un país como Colombia exige mucho más que anuncios, discursos o buenas intenciones. La verdadera prueba estará en los resultados que puedan sentirse en los bolsillos de los ciudadanos, en la seguridad de las calles, en la generación de empleo, en la inversión y, especialmente, en la recuperación de la confianza en las instituciones.
Y llegamos a octubre. Mientras el Gobierno comienza a marcar su territorio, en las regiones también empieza a moverse el tablero político de cara a las elecciones de 2027. Algunos de quienes hace pocos meses aparecían calentando motores para disputar alcaldías y gobernaciones hoy parecen haber puesto el freno. Tal vez estén revisando sus perfiles, midiendo el ambiente político o, sencillamente, intentando arreglar algunos “cables pelados” antes de entrar de lleno en la contienda.
Porque una cosa es anunciar una candidatura y otra muy distinta es llegar a una campaña con la hoja de vida bajo la lupa. Y en un Gobierno que ha prometido cerrarles el paso a la corrupción y proteger los recursos públicos, seguramente más de uno estará preguntándose si es mejor avanzar o esperar.
Por eso, al comenzar esta nueva etapa política, vuelve a cobrar sentido aquella frase que nuestros abuelos repetían con sabiduría y picardía: “¡A quien le van a dar, le guardan!”
La política, como la vida, también tiene sus tiempos. Y algunos ya están entendiendo que para llegar al 2027 no basta con tener aspiraciones: también hay que tener la casa en orden.
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